Atrapado en una telaraña

Mascardi: “(…) Los supuestos amigos forman una familia. Una familia de arañas, y Almanza ya está en la tela”

 

Apenas llegó a La Plata, el destino de Almanza se cruzó con el de la familia Lombardo por una circunstancia que, en primera instancia, parece mera casualidad, pero resulta no ser así. Don Juan, Julia y Griselda sedujeron al joven fotógrafo, que constantemente se debate entre esa atracción y las advertencias de quienes dicen ser sus amigos.

Sobre el comienzo de la novela, don Juan Lombardo invita a Almanza a compartir el desayuno con ellos, al advertir en él un parentesco con Ventura, su hijo desaparecido en circunstancias dudosas. El objetivo se dibuja desde el principio: usarlo para cobrar un seguro de vida a nombre de su sucesor, de quien no tiene rastro alguno. Para ello, el viejo se vale de la buena fe de Almanza y lo trata con sumo afecto.

📷 No pude resistir el impulso de tomarle un retrato. Con ustedes Don Juan Lombardo 🔍

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Julia es la primera de las hermanas en acercarse al fotógrafo. Tímida y sincera, lo acompaña los primeros días a tomar fotografías de la ciudad, durante largos paseos. Almanza parece no verla hasta que lo hace a través del visor de su cámara y se enamora de los finos rasgos del rostro de aquella mujer y la tranquilidad que siente al compartir tiempo con ella.

Griselda, en cambio, se mueve entre las sombras: la segunda noche de su estadía aprovecha que su hermana y su padre están cenando y se acuesta con Almanza, quien se deja vencer por las curvas de su cuerpo y la rubia cabellera. Recostados en la cama, ella promete visitarlo a la medianoche del día siguiente y, sin pensarlo, Nicolasito le da la llave de su pensión.

“Se dijo que nunca, nada le gustó tanto. Si le prometían otro momento así, no iba a preocuparse por las consecuencias y los disgustos que trajera”.

 

Griselda

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Cuando el reloj marcó las doce colocó un biombo entre su cama y la de Mascardi, abrió la puerta y se asomó al pasillo. Un cuarto de hora más tarde la escuchó entrar y la guió hacia su habitación. En la penumbra vio una mujer desnuda con el cabello negro sobre los hombros y se sonrió de la sorpresa: aquella no era Griselda, sino Julia.

—Yo te quise primero que ella—. Le dijo entre lágrimas. Y se besaron.

 

 

Hasta ese momento, Almanza parece estar atrapado en lo que Mascardi llama la “telaraña” de la familia Lombardo, aunque desconoce las verdaderas motivaciones de sus integrantes. Sin embargo, esa última escena marca un punto de inflexión en la actitud del propio fotógrafo, quien deja de seguir la corriente de los acontecimientos y comienza a tomar sus propias decisiones.

Al día siguiente se ve con Griselda en un hotel para aclarar la situación. Lejos de revivir el fuego de dos noches atrás, lo dejan extinguirse y su aventura muere en aquella habitación.

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